Impresiones de un encuentro internacional sobre producción agrícola.
Por Guillermo Long Bertinat

Pocos meses atrás, llegó al Centro Emmanuel una invitación por parte del programa Pastoral de Promoción del Cuidado de la Creación (PPCC)[1], a participar de la III Consulta Internacional “Riesgos y desafíos del actual modelo de producción agrícola en la región”, que se realizó el 20 y 21 de noviembre del año pasado. Por parte del Centro asistimos Raquel Malan (directora), Victoria Bassani (secretaria de la Red de Agroecología, regional Oeste), y quien escribe (como integrante del Grupo de Ecoteología).

Evalúo y recuerdo lo que fue un tiempo de entre-semana distinto, agotador y recargador de energía a la vez, muy intenso. Disertantes de diferentes organizaciones, técnicas/os y productores; también de diferentes países (Alemania, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Tal como dice el título, fue internacional; una experiencia rica en intercambios, en encuentros y reencuentros.

Una frase que escuché entre productores fue: “… y pensar que uno es responsable de todo esto…”,”…  la culpa la tenemos nosotros, los productores…”. En ese momento se referían a la aplicación desmedida de agrotóxicos, con la contaminación y muerte ambiental que eso genera. Pero si se trata de buscar un culpable del desastre ambiental que genera la aplicación de agrotóxicos, no solamente debemos culpar a las/los productoras/res, debemos comenzar con la industria química y su negocio, debemos mirar en nuestra casa y ver: ¿Qué consumimos? ¿Cómo lo consumimos? ¿De quién? En mayor o menor medida, todas y todos somos culpables de los modelos: el del agronegocio, el del compre y tire, el del compre para ahorrar tiempo, y otros tantos; modelos que se han impuesto por ser sencillos de adoptar, pero que benefician a unos pocos (que son los menos conocidos) y que generan un desbalance ambiental.

Pero si algo me quedó claro, es no hablar de la culpa. ¿Qué beneficio-perjuicios nos trae hablar de eso? Es necesario hablar de transiciones. La transición comienza cuando uno se da el tiempo, se piensa, se reflexiona, se perdona y perdona. Es necesario definir y definirse, ¿Qué es la transición? ¿Transición a qué? Son algunas de las preguntas que surgen, cada cual tiene una respuesta diferente, pero si algo tiene que estar claro en esas respuestas, es el cuidado de la Creación toda.

Reconocer el error, y saber perdonarse (y perdonar), de eso se trata la transición. No pretendamos que de un día para otro la producción agropecuaria sea agroecológica, porque no se trata de un modelo de producción, sino de una convicción, de un modo de vida. Porque no se puede producir agroecológicamente si en lo que pensamos es el rédito económico que me generará. De parte del “no productor/a” se puede apoyar la transición mediante el consumo local y el acercamiento a la producción, el fortalecer los vínculos es una herramienta muy fuerte para enfrentar momentos de abundancia y de crisis.

Una cosa simple, aprender de la naturaleza y dejarla que produzca, es una cuestión de acompañamientos. Y no creamos que solas/os podemos, porque la naturaleza es más sabia que una/o, porque justamente, no es una sola, son varias naturalezas interactuando entre ellas, y por eso hay que buscar el intercambio. No nos creamos más que nadie, hay que aprender y aprenderse.

En Uruguay, ¿qué se hace? Por hacerse, se observa la baja resiliencia de los sistemas agropecuarios frente a condiciones adversas dada su simpleza, se da cuenta del daño que se está haciendo con una producción al impedir la exportación de otra (agri”cultura”-apicultura)[2], se contabilizan los altos costos por insumos para la producción[3], se evidencia la contaminación de aguas por su mal manejo (generando un negocio paralelo, la venta de agua embotellada), se populariza la limpieza de playas (dada la mala gestión de residuos por parte de las autoridades y del día a día del “ser humano”) y los diversos problemas de salud[4]. Pero hay destellos de cambio, la reciente aprobación del Plan Nacional de Agroecología[5] promete; promete el trabajar en conjunto, como así la entrevista a Alda Rodríguez[6] por parte del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca que no es más que una invitación al cambio.

Creo que ese entre- semana nunca terminó, sigue; siguen los intercambios, siguen las ideas dando vuelta, y todo es esperanzador. Estoy convencido de que seguir haciendo Ecoteología es la clave para afrontar estos tiempos de transiciones, momentos de cambios fuertes y radicales que generan un vaivén en el ser de una/o; pero que emocionan y dan cuenta del amor de Dios hacia su Creación.


[1] Llevado adelante por la Fundación Protestante de Diaconía Hora de Obrar de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata.

[2] http://www.sociedadapicola.org.uy/media/noticias/informe_glifosato_sau_15.1.18.pdfhttp://www.todoelcampo.com.uy/la-cnfr-y-la-sau-discrepan-con-digegra-sobre-el-glifosato-15?nid=25013

[3] Entre productores se estima que la aplicación de agrotóxicos comprende un 50 – 60 % de los costos totales de producción.

[4] Informe del 1º Encuentro Nacional de Médicxs de Pueblos Fumigados: http://reduas.com.ar/informe-encuentro-medicos-pueblos-fumigados/ y film sobre El viaje a los pueblos fumigados: https://www.youtube.com/watch?v=M4kSHqWrdwI (datos de Argentina, no muy lejanos a nuestra realidad).

[5] http://planagroecologia.uy/2018/12/12/ante-la-aprobacion-del-proyecto-de-plan-nacional-de-agroecologia/

[6] http://www.mgap.gub.uy/noticia/unidad-organizativa/direccion-general-de-desarrollo-rural/10-12-2018/estamos-de-paso-en-esta