En julio visitamos la Iglesia Valdense de Ombúes de Lavalle, con una nueva experiencia de los talleres sentipensantes del equipo de ecoteología del Centro. Allí nos animamos a nombrar el dolor de la tierra y a reconocer también nuestros propios dolores, sin apresurarnos a separarlos.
Trabajamos a partir de la idea del cuerpo-territorio: comprender que lo que le sucede a la tierra también atraviesa nuestros cuerpos, nuestras emociones, nuestros vínculos y nuestras comunidades. Sentir esta interdependencia no es una debilidad, sino una forma de memoria y de conciencia.
Le dimos espacio a lo que duele, a lo que preocupa y también a aquello que todavía sostiene la vida. Desde allí comenzamos a comprender de otra manera cómo la comunidad puede cuidar, acompañar y resistir, del mismo modo en que la Creación nos sostiene cotidianamente. Gemimos juntas y juntos, como dice Pablo, pero no nos quedamos únicamente en el gemido: comenzamos también a esperar, a imaginar y a construir otras posibilidades.
Agradecemos a la comunidad valdense de Ombúes de Lavalle y a las mujeres que se acercaron a compartir este espacio de reflexión comunitaria.







